¿Cómo resolver imprevistos en nuestro gran día?


Como decíamos en el anterior artículo, Ansiedad nupcial en mi gran día B, “debemos asumir que surgirán imprevistos”… ¡Sin duda alguna! No obstante, debemos preparar nuestra mente para cuando esto ocurra, pues, de no ser así, el nivel de sufrimiento puede ser alto en un día en el que los nervios suelen estar a flor de piel. Todo ello va directamente relacionado con la capacidad que tengamos para resolver problemas y tomar decisiones.

En primer lugar, es interesante hablar de qué significa para nosotros el término problema, ya que, en función de cómo lo enfoquemos nos preparará o no para enfrentarnos a él de una forma más resolutiva. Conceptualizar un problema más que como algo horrible y negativo que no debería ocurrir, como una situación que demanda una respuesta por nuestra parte, es decir una situación que exige que hagamos algo, que nos movamos hacia uno u otro lado. Esta manera proactiva de conceptualizar los problemas (o imprevistos) fomentará que nos impliquemos activamente en resolverlo. Debemos aceptar que los problemas son absolutamente normales y que forman parte de la vida, y parte de ese día también. Es indiscutible que podemos hacerles frente de una forma activa y eficaz.

En relación con lo anterior, disponer de una actitud de afrontamiento resultará de gran ayuda. ¿Cómo? Convenciéndonos de que hay soluciones (porque así es). Podrá haber más o menos, nos gustarán más o menos pero debemos estar convencidos de que siempre hay alternativas de solución. Simplemente, tendremos que escoger aquella que consideremos más adecuada, tras valorar varias, y llevarla a cabo.

Por otro lado, debemos evitar responder impulsivamente. Las soluciones rápidas y sin valorar no siempre funcionan, y mucho menos como esperamos. Es obvio, que ese mismo día exige que resolvamos los imprevistos rápidamente, pero no debemos confundir esto con responder de forma impulsiva. La diferencia recae en “valorar varias opciones”, lo cual puede hacerse rápidamente. Si hemos tomado una decisión rápida y no hemos valorado al menos un par de opciones, es muy probable que nos estemos comportando impulsivamente… cuidado.

Por último, algo que podrá ayudarnos en este tipo de situaciones será no preguntarse ¿Por qué a mí? ¿Esto no debería haber ocurrido o no debería estar ocurriendo? No es el momento de emplear nuestra energía en responder a estas cuestiones que, en verdad, bien poco nos ayudarán a resolver el problema que tengamos entre manos, y que lo  que harán es que entremos en un bucle en espiral que nos hará sentirnos cada vez peor y hasta, incluso, perder el control. Una alternativa más eficaz para ese momento podría ser algo así como “Es algo que no nos gusta, pero lo resolveremos… ¿con qué alternativas contamos? Valorémoslas y escojamos aquella con la que tengamos mayor probabilidad de cubrir nuestras necesidades y preferencias”

No anticipéis compulsivamente lo que puede llegar a ocurrir o surgir de forma imprevista, pues las posibilidades son infinitas y os atormentaréis los días, e incluso meses previos. Utilizad unas adecuadas estrategias de planificación y organización y conformaos con eso. Cuando llegue el gran día preocupaos por disfrutadlo y cuando surja un imprevisto que en vuestra mente aparezca el siguiente plan de acción:

  1. Primer paso. DETECCIÓN Y CONCEPTUALIZACIÓN DE LA SITUACIÓN PROBLEMÁTICA: “Ha ocurrido esto (…).
  2. Segundo paso. REDUCIR EL NIVEL DE ANSIEDAD Y REFORZAR LA CAPACIDAD PARA RESOLVERLO: “Calma, hay soluciones y lo resolveremos”
  3. Tercer paso. DEFINIR NUESTRO/S OBJETIVO/S: Nuestro objetivo aceptable es conseguir esto (…).
  4. Cuarto paso. ENUMERAR LAS ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN (y no descartar prematuramente ninguna) “Hay estas alternativas que nos ayudarían a alcanzar nuestro objetivo (…)”
  5. Quinto paso. VALORAR PROS Y CONTRAS del par o tres que veamos más factibles.
  6. Sexto paso. ESPECIFICAR LA DECISIÓN CONDUCTUALMENTE, es decir, describir paso por paso qué se debe hacer, quién debe hacerlo, en qué momento.
  7. Séptimo paso. LLEVAR CABO LAS CONDUCTAS DE SOLUCIÓN
  8. Octavo paso. VALORAR LA EFICACIA Y AJUSTAR/MODIFICAR en caso de que sea necesario parte de la decisión tomada.

¡Ánimo! Qué vuestros deseos sean más fuertes que vuestros miedos.

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