La vida en pareja. El secreto del eterno amor.


Cuando una pareja decide convivir, haya habido de por medio una boda o no, supone un gran paso para ambos miembros de la pareja. Por supuesto que en cada etapa de la vida en común, desde la formación de la propia pareja hasta la creación y crecimiento de la familia, existen problemas y dificultades a las que debemos hacer frente, pero, no podemos negar que una de las etapas más compleja y que pone en riesgo la supervivencia y continuidad con la relación de pareja es el comienzo de la convivencia.

Hasta entonces, casi en exclusiva valorábamos la relación en los siguientes términos: “me quiere y yo le quiero”, “me siento a gusto con él/ella”, “me hace sentir bien”, “me divierto con él/ella”, “me escucha, me comprende”… y un sinfín de enunciados relacionados con el afecto. Pero cuando la relación avanza y el nivel de compromiso aumenta, llega un momento en el que las necesidades afectivas dan paso a una serie de necesidades y expectativas de tipo más instrumental.

Quizá sea resumir demasiado pero al final el mantenimiento, que una relación perdure o no en el tiempo, depende directamente de la satisfacción de los dos. La satisfacción, en resumen, es un balance de lo positivo y lo negativo, de coste-beneficio… Es obvio que una pareja se sentirá más satisfecha cuanto más positivo le aporte a su persona y menos negativo. Y, como consecuencia, el resultado del balance sean números altos y positivos. Y esto, indudablemente, va a determinar el mantenimiento o ruptura, más inminente o tardía, de la pareja.

Como decíamos, la sostenibilidad de la pareja depende de la satisfacción que proporciona, y ésta, a su vez, depende del balance coste-beneficio emocional. Está claro que cada pareja es única y diferente a todas las demás, por lo que aquello que pueda  producir satisfacción a una no tiene por qué hacer lo propio con la otra y, así, sucesivamente. No obstante, existe un concepto, amplio y general,  del que depende la satisfacción de las parejas, sean cuales sean sus ideas, formas de vida o expectativas. Estamos hablando de los reforzadores estables, dentro de los cuales encontramos los afectivos y los instrumentales.

Los reforzadores afectivos: son aquellos que se producen en consecuencia del cariño, la compañía, la complicidad, la confianza y la comunicación.

Por otro lado, cuando hablamos de reforzadores instrumentales nos referimos a aquellos que derivan de la propia convivencia, como son el reparto y cumplimiento de tareas y responsabilidades domésticas, económicas, etc.

El valor de cada categoría de reforzadores no es el mismo, pues los reforzadores afectivos, generalmente, tienen más peso que los instrumentales.  En las parejas en las que los reforzadores afectivos están marcadamente presentes, los instrumentales suelen pasar a un segundo plano. Estas parejas acostumbran a definirse como felices. Cuando estos reforzadores no están tan presentes es necesario que se den otra serie de factores que aporten esa satisfacción necesaria y, es aquí, donde toman el relevo los reforzadores instrumentales. Aunque cabe destacar que, como es de esperar, lo recomendable es llegar a un punto de confluencia, lo que va a influir positiva y sustancialmente en la satisfacción percibida.

Hace unos años, la relación de pareja y los roles asignados, según estos tipos de reforzadores, venía asignado, casi automáticamente, por el sexo o género. La gran evolución de la sociedad ha provocado que hoy en día se haya pasado de una preasignación por género a que sean las propias parejas quienes definan y decidan su propio ajuste.

Como conclusión, si queréis cuidar vuestra relación de pareja proveedla de reforzadores. Ya no únicamente de reforzadores positivos puntuales, como por ejemplo alguna que otra sorpresa, regalo, detalle o actividad placentera, sino que participad activamente y juntos en la creación y mantenimiento de una red de reforzadores que sean estables: dadle cabida al romanticismo, a las miradas de complicidad, a los encuentros sensuales y sexuales… sed generosos con las muestras de cariño cada día, expresaos, de manera habitual, vuestros sentimientos de afecto y ¿por qué no? Qué es lo que os gusta de la otra persona y cómo os hace sentir… Contad con él/ella para confiaros vuestros secretos y preocupaciones, escuchaos…  y, por supuesto, no olvidéis enriquecer vuestra red de reforzadores instrumentales  participando activamente en la toma de decisiones y resolución de problemas cotidianos, domésticos, económicos…

Si vuestros reforzadores estables se encuentran en cierta abundancia… quizá podremos hablar de un amor para toda la vida.

Os animo a intentarlo.

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