La importancia de los pensamientos. Crónicas de una boda


María, que es una chica de 30 años de clase media, tiene estudios superiores y, actualmente trabaja en una empresa prometedora. Lleva cinco años de relación con su novio, con quien tiene previsto casarse en apenas 21 días. Ha invertido mucho tiempo y esfuerzo en organizar el día de su boda.

Hoy es sábado. A justo tres semanas para el “gran día”, María recibe una llamada que la deja atónita. Su interlocutor, el comercial del salón de bodas, le comunica angustiado y avergonzado lo siguiente. “Srta. María, siento molestarla en este momento pero me temo que tengo malas noticias. Hemos recibido una inspección, según la cual incumplimos varios requisitos básicos, por lo que, entre otras cosas, nos han cerrado el local. Nos vemos obligados a suspender todos los eventos de los próximos meses, entre ellos la celebración de su enlace. Lo lamentamos mucho, pero no podemos hacer nada. Les devolveremos el importe que ya han abonado, lo antes posible.” María, casi sin poder articular palabrpica, cuelga el teléfono sin sentirse capaz para reaccionar mucho más. Siente que el corazón se le va a salir del pecho, notando palpitaciones hasta en la yema de los dedos. Siente temblores, sudor frío y retortijones en el estómago. Una mezcla de emociones recorren intensamente todo su cuerpo: ira, desesperanza, rabia, tristeza… Tras unos minutos en silencio y en completo shock rompe a llorar desesperadamente y decide telefonear a los demás proveedores (fotógrafo, alquiler de coche, peluquera, etc.) avisándoles de que se suspende definitivamente la boda. Seguidamente, publica en un portal de venta de segunda mano su vestido de novia y demás accesorios para, finalmente, enviar un whatsapp a los invitados y familiares comunicándoles la noticia. A estas alturas, el profundo malestar de María, le lleva permanecer ausente varias horas sin contestar ninguna de las llamadas de su prometido ni de sus familiares. Cuando finalmente consiguen contactar con ella, se mantiene firme en su convicción de anular la boda, es más, afirma que ni siquiera más adelante va a organizar nada parecido.

Contemos lo que le ocurre a Alicia. Alicia con 30 años de edad trabaja en un grupo empresarial que le permite desarrollar las funciones propias de su formación superior. Conoció a su futuro marido hará cinco años, con quien, en solo tres semanas, verá cumplido uno de sus sueños, casarse, y por el que lleva meses empleando una gran cantidad de tiempo y esfuerzo. Hoy sábado, a 21 días de “su gran día” recibe una llamada desde el salón de bodas. El mensaje el siguiente: “Srta. Alicia, siento molestarla en este momento pero me temo que tengo malas noticias. Hemos recibido una inspección, según la cual incumplíamos varios requisitos básicos, por lo que, entre otras cosas, nos han cerrado el local. Nos vemos obligados a suspender todos los eventos de los próximos meses, entre ellos la celebración de su enlace. Lo lamentamos mucho, pero no podemos hacer nada. Les devolveremos el importe que ya han abonado, lo antes posible.” No sabe muy bien qué responder, la noticia la ha dejado cuanto menos helada. Titubea un poco antes de conseguir articular la primera palabra. Consigue verbalizar una oración completa dirigida al comercial: “disculpe, déjeme un tiempo para pensar. Le llamo en estadisticas-e-mail-marketing-700x469unas horas”.  Cuelga. Se siente nerviosa, enfadada, decepcionada. Siente que le cuesta respirar un poco más de lo normal y no puede evitar derramar alguna lágrima. Pasados unos minutos, consigue tranquilizarse y comunicarle a su novio la aplastante noticia. Algo frustrados intentan valorar todas las alternativas de solución que se les ocurren (suspender la boda, aplazarla, buscar otro lugar y mantener la fecha…). Comienzan unas horas estresantes para ella. Ha de ponerse en contacto con varios salones y buscar alguno que tenga libre. Once son las llamadas que Alicia tiene que hacer para, finalmente, conseguir un salón libre que esté dispuesto a celebrar tal evento con tan poco tiempo de antelación. En este momento, Alicia consigue tranquilizarse un poco más y, aunque obviamente no le hubiera gustado que ocurriera, lo acepta y se pone en marcha para resolverlo. Pasadas tres semanas, realizan un balance del gran día: “A pesar del susto que nos dimos y de que hemos tenido que renunciar a alguna cosa, ha sido un día memorable y muy emotivo”.

María y Alicia son dos chicas muy parecidas. Tienen la misma edad, el mismo nivel económico y sociocultural, una vida muy parecida… Ambas se enfrentan a la misma situación: El salón de bodas las deja “tiradas”. ¿A qué se debe estas reacciones tan diferentes? Los que pensáis que son personas diferentes y que tienen personalidades diferentes no vais mal encaminados. Sí, seguramente sus personalidades se diferencien lo suficiente como para PENSAR DIFERENTE ante esta misma situación. ¿Por qué María reacciona de una manera tan impulsiva y tajante? ¿Por qué se siente tan descontrolada? En cambio, ¿por qué Alicia consigue resolver el problema y, hasta incluso, celebrar la boda en la fecha prevista? La respuesta es que, sencillamente, los pensamientos modulan y determinan nuestras emociones y nuestra conducta. Aplicado a nuestro ejemplo: María habrá pensado algo parecido a “Esto es horrible. Todo se ha desmoronado. Todo el esfuerzo no ha servido para nada. No hay salida, no existe solución posible que pueda arreglar esta catástrofe. ¿Siempre tiene que pasar algo? Soy una desgraciada con mala suerte”. Sin embargo, los pensamientos de Alicia irán más en esta dirección “Vaya, qué mala suerte. Con lo que me gustaba ese salón no va a poder ser allí… Hay poco tiempo, pero tenemos que buscar otro en cuanto antes”.

Si analizamos el contenido de los pensamientos son bien distintos:

tabla comparativa irracional vs racional

Existe un área de la Psicología (la Cognitiva) que, en resumen, viene a decir que las emociones que experimentamos frente a una determinada situación o evento son fruto de un proceso complejo de interpretación personal. No supone nada nuevo afirmar que dos personas diferentes reaccionarán de forma distinta ante una misma situación, incluso una misma persona dependiendo de en qué momento de su vida se encuentre reaccionará de una u otra manera. Cada persona posee un estilo cognitivo que ha ido forjando a lo largo de su vida a través de sus experiencias. Funcionaría como una especie de compilación de experiencias con consecuencias que van a diseñar nuestra personalidad y estilo cognitivo.

Pensar de forma racional no es pensar de color de rosa, ni vivir en una casita de chocolate con osos amorosos (para nada). Pensar de forma racional es pensar de forma neutral, viendo las cosas tal como son, tal como las verían el resto de personas o tal como lo valoraría un instrumento de medición objetivo (un termómetro, un barómetro…), en el caso que lo hubiera. Pensar de forma racional es utilizar un leguaje concreto, de preferencias, específico, graduado, moderado… Si ante una situación os sentís desbordados o fuera de control debéis saber que esos pensamientos no son los más apropiados y seguramente os albergan consecuencias más negativas. Mi recomendación, en primer lugar y más importante, es detectarlos, ser conscientes de que están ahí. Más tarde habrá que hacer algo con ellos, que será transformarlos ¿en qué? En pensamientos racionales.

imagesRecordad, debemos ser conscientes de que las emociones y conductas se pueden controlar, de manera indirecta y en gran parte, por los pensamientos que ocupan nuestra mente. ¿Es fácil? En absoluto, unas veces más y otras menos. Pero lo que sí que es absolutamente cierto es que cambiar lo que pensamos acerca de una determinada situación puede ayudarnos a ser mucho más resolutivos y, además, sufrir menos.

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