PSICOLOGÍA DEL AMOR. Desmontando el mito de Cupido


¿Qué ocurre cuando Cupido nos alcanza con su flecha?
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Si echamos la vista atrás seguramente todos recordemos a esa persona que marcó de manera especial nuestras vidas, continúe encontrándose todavía en ellas o no.
Y es que enamorarse produce una cascada de cambios bioquímicos en nuestro organismo que ayudan a marcar ese momento a fuego en nuestra memoria. Estos cambios no se producen solos, y sin desmerecer al pobre Cupido, es un proceso completamente interno que tiene que ver exclusivamente con la interpretación que, la persona en cuestión, realice acerca de la situación y de su nuevo/a enamorado/a. Esto es lo que llamamos la respuesta cognitiva.
Desde la experiencia, llegaría a ser muy complejo ya no sólo de describir, sino hasta de comprender; siendo muchas veces “imposible de explicar”.

Desde la Psicología, podríamos explicarlo de la siguiente manera y, dejando a un lado la flecha de Cupido… más bien funcionaría así:

La conducta humana funciona con una respuesta tridimensional del organismo, que posteriormente se verá reforzada o no, ante un estímulo.

AF

 

 

 

 

 

 

Pongamos un ejemplo: Persona A y persona B coinciden en una misma situación (estímulo). A piensa “¡Anda mira! Qué chico/a más guapo/a” “Parece que mire hacia aquí… ¿se habrá fijado en mí?” y la “respuesta cognitiva de B podría ser del tipo… ”¿Pero quién es semejante mujerón/hombretón que mira hacia aquí?”. Estos pensamientos se ven acompañados por una serie sensaciones físicas y emocionales, por ejemplo las típicas mariposas en el estómago. 2Todo ello empuja a la persona acercarse, presentarse y entablar una pequeña conversación con A (respuesta motora). A partir de este momento, si la interpretación de ambos (es decir la respuesta cognitiva ante el estímulo) es de tipo pro-amor, pro-cortejo, pro-atracción, etc. ¡Tacháaaaaan! Podríamos estar ante un flechazo y la creación de una posible pareja.
Conociendo cuál es el origen vayamos al mantenimiento.

 

Pero… ¿Cupido siempre nos acompaña?

La respuesta es rotundamente no. Lo que nos acompaña es ni más ni menos un condicionamiento operante en el que el refuerzo adquiere un papel primordial.
Tenemos dos tipos de refuerzo que operan en la conducta humana: el refuerzo positivo (al realizar una determinada conducta obtenemos algo que nos gusta) y el refuerzo negativo (la conducta se ve reforzada cuando al realizarla dejo de experimentar el malestar que me produce no realizarla). Esto mismo llevado al terreno del enamoramiento y las relaciones de pareja podría explicar la formación y el mantenimiento de la pareja. Sería algo así: Estar con él/ella me produce una sensación de bienestar y placer (me divierto, me río, me siento deseado/a, querido/a) una barbaridad de refuerzo positivo que, además, se produce frecuente e intensamente. Sin embargo, cuando no estoy con él/ella, siento una sensación de vacío, incertidumbre, lo/a echo de menos, me pregunto en todo momento qué estará haciendo, si estará pensando en mí… en definitiva, sensaciones que nos producen cierto malestar. ¿Qué ocurre cuando nos encontramos juntos? Que todo eso desaparece y, además, queda sustituido, de nuevo, por el refuerzo positivo. Es entonces cuando la conducta de estar juntos sPastilla-de-amore ve reforzada por refuerzo negativo.
Incluso, siendo algo atrevidos, podríamos compararla como si de una adicción se tratara; una sensación de “estar enganchado a alguien” y es que…

¿quién no ha experimentado esa sensación de sentirse enganchado como si de una droga se tratase?

Al fin y al cabo, estar enamorado crea tolerancia y es muy parecido a encontrarse en un continuo síndrome de abstinencia ¿no?

 


 

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