¿Cómo afecta la rutina a las relaciones de pareja?


“Hemos roto, la rutina se cargó el amor”

monotonia-2¿Cuántas veces hemos escuchado algo parecido en nuestro entorno? ¿La rutina, de verdad, es tan devastadora como para que sea una causa de ruptura tan potente? Y ¿Por qué hay parejas que perduran año tras año? ¿Acaso ellas no tienen rutina?

Lo primero que tenemos que aclarar es que los hábitos y rutinas, por lo general, son buenos, adaptativos. Incluso me aventuraría a afirmar que son casi necesarios para la supervivencia del ser humano. Imaginaos una vida sin rutinas, sin hábitos ni de alimentación, ni de trabajo, ni de higiene… Dejaríamos de tener el control de cosas esenciales y nos veríamos obligados a orientar gran cantidad de nuestros esfuerzos  a quehaceres básicos. Por ejemplo, si todos los días me levanto a las 7.30 am, como rutina, no debo destinar tiempo ni esfuerzo cada noche a  tomar decisión “¿a qué hora me pongo el despertador?”

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La función de los hábitos y rutinas es la de ayudarnos a economizar recursos como el tiempo y toma de decisiones, ya que nos permite automatizar conductas, de tal forma que, casi sin darnos cuenta, vamos funcionando en nuestro día a día.

 

 

Todo ello responde un factor que se encuentra presente en todas las áreas de nuestra vida y que, inevitablemente, también en nuestras relaciones:

El proceso de habituación. Entendemos que la habituación es un principio de aprendizaje basado en la corriente conductual de la Psicología y que es tan útil para adaptarnos satisfactoriamente a cambios en nuestras vidas.

¿Recordáis la primera vez que condujisteis a solas, sin vuestro fiel salvador de accidentes el profesor de autoescuela? Ese miedo que las primeras veces es tan intenso se ve reducido pasado un tiempo y tras haber conducido en repetidas ocasiones , pues nos acostumbramos a ello… ¡Nos habituamos! Si esto no ocurriera así, tras años de experiencia como conductores nos continuaríamos sintiendo inseguros en estas situaciones.

Sin embargo, este proceso de habituación ocurre tanto ante situaciones que nos provocan malestar o emociones displacenteras como ante situaciones positivas y placenteras. Y es que no elegimos a qué nos habituamos y a qué no. Simplemente, ocurre… y ocurre tanto para afrontar lo negativo como lo positivo.

Veamos un ejemplo: ¿Os acordáis de la primera cita con vuestra pareja? ¿Cómo os sentíais? ¿Nerviosos/as?  Y, ¿qué ocurría con los primeros mensajes y/o whataspps? ¿Cuántas veces los leíais? ¿Cuántas veces al día mirabais el móvil comprobando nuevas noticias de nuestro/a amado/a? Deteneos a pensar en ello. ¿Qué pensáis que ocurriría en este momento si vuestra reacción y estado continuara igual que entonces? ¿Sería muy bonito y romántico? Posiblemente sí. Pero, ¿y si ese proceso de habituación no hubiera sucedido? Pues que sencillamente os encontraríais en un continuo “sinvivir”. Hoy en día, todavía nos costaría concentrarnos en nuestro trabajo o pensar en otra cosa que no fuera él o ella.

Cuando una relación dea-tu-lado pareja perdura en el tiempo, termina por habituarse, como es absolutamente normal y esperable. Si al principio sentíamos emociones muy intensas y ahora ya no… ¿significa que ya no estamos enamorados? ¿que ya no nos queremos o que ya no debemos estar juntos? Pues no. Eso significa que vuestros mecanismos psicológicos han funcionado adecuadamente y que os habéis habituado. Es difícil asumir esto en una sociedad, como la nuestra, en la que tenemos la falsa creencia de que si es amor verdadero sentiremos mariposas en el estómago pase el tiempo que pase Ymariposas-en-el-estómago-46132971 tras lo expuesto en el post ya conocéis las razones por las cuales esta premisa no es cierta.

Sabemos que nos habituaremos a nuestra vida en pareja, aunque no debemos quedarnos únicamente con esto. ¿Cómo esquivar los inconvenientes de este proceso de habituación?¿Cómo combatir la monotonía?

Como ya sabemos, habituarnos es un proceso normal y debemos desdramatizar que esto ocurra, pero debemos ir más allá pues la satisfacción de las parejas, entre otros factores, viene  determinado por el intercambio de reforzadores que exista entre ambos miembros. Para ello, siempre es interesante provocar situaciones positivas de intimidad (y sí, digo provocar y no esperar a que surjan por sí solos o por iniciativa del otro miembro de la pareja) que despunten, que nutran nuestra relación de variedad, de estímulos discriminativos que no pasen desapercibidos y que desencadenen en nosotros una experiencia emocional positiva, en pareja.

Si quieres saber más acerca de la satisfacción de pareja no dejes de leer mi post “El secreto del eterno amor”

Sonia Cardona. Psicóloga

 

 

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